El preservativo femenino: protección contra infecciones de transmisión sexual controlada por mujeres
por Heidi Brown
(Marzo 2003) Las mujeres cuentan con opciones limitadas para prevenir la infección por VIH, aunque representan casi la mitad de la población infectada en el mundo y el 58% en el África sub-sahariana1. Las mujeres son, desde el punto de vista biológico, más vulnerables a la transmisión por parte de un compañero infectado que los hombres2. Más importante aún, factores económicos, sociales y culturales asociados a la falta de poder de las mujeres hacen que no sean viables para muchas de ellas las estrategias actuales para prevenir el VIH basadas en la abstinencia, la monogamia, el uso del condón, menos compañeros sexuales y el tratamiento de las infecciones de transmisión sexual (ITS), pues a menudo carecen de la capacidad para negociar la práctica de sexo seguro3. Existe, por lo tanto, una necesidad urgente de estrategias de prevención del VIH que le permitan a las mujeres tener un mayor control. El preservativo (o condón) femenino es el único método de sexo seguro controlado por las mujeres que está disponible. Si bien este método es eficaz y relativamente bien aceptado por las mujeres, su utilidad está limitada por el costo, la actitud negativa de los hombres, sus propiedades anticonceptivas y los aspectos prácticos de su uso.
El condón femenino es una funda de poliuretano lubricada, con un anillo flexible en cada extremo. Un anillo cubre el cuello uterino, como lo hace el diafragma, mientras que el otro permanece fuera, cubriendo parcialmente los labios. Más de 70 países han aprobado su uso4; entre ellos, los Estados Unidos, en 19935, Zimbabwe, en 19966 y Ghana, en 20007.
Eficacia del preservativo femenino
Aclamado como el primer anticonceptivo de barrera para mujeres que protege contra las ITS, el condón femenino fue aprobado inicialmente, a pesar de la tasa relativamente alta de embarazos entre sus usuarias y de la limitada información sobre su verdadera eficacia contra las ITS8. Sin embargo, desde entonces se ha acumulado evidencia sobre su eficacia.
Como anticonceptivo, el condón femenino se compara favorablemente con otros métodos de barrera. Un estudio realizado en China, comparó la eficacia anticonceptiva del condón femenino con la del condón masculino, mostrando tasas de embarazo similares (1,06 y 1,69 embarazos por cada 100 mujeres, respectivamente, después de seis meses de uso). Sin embargo, las tasas de discontinuación fueron más altas para el condón femenino que para el masculino9. Usado de forma correcta, las tasas de embarazo durante el uso del condón femenino fueron 2,6 en los Estados Unidos y 9,5 en América Latina. Estos resultados están en el mismo rango que los de otros métodos de barrera10. Otra evidencia, obtenida en los Estados Unidos, señala que la eficacia durante el uso típico del condón femenino es similar a la del diafragma, la esponja y el capuchón cervical11.
La evidencia sugiere que la eficacia del condón femenino contra las ITS, a nivel de la población, depende del grado de utilización del condón masculino y de la disposición de las personas a utilizar el condón femenino. Un estudio realizado en Estados Unidos encontró que el condón femenino prevenía eficazmente la tricomoniasis vaginal recurrente12. Por otra parte, la introducción del condón femenino en plantaciones en Kenia no redujo las tasas de gonorrea cervical, clamidia y tricomoniasis vaginal, en comparación con la promoción del uso exclusivo del condón masculino13. Obstáculos para el uso de condones masculinos y femeninos en este grupo fueron las objeciones del compañero masculino, la desconfianza en el estudio y en los dispositivos, y el prejuicio de los proveedores de servicios clínicos contra los condones14. En contraste, en Tailandia se observó una reducción de un 24% en la tasa de nuevas ITS en grupos de trabajadoras sexuales a quienes se les dio la posibilidad de escoger tanto condón masculino como femenino, comparada con la tasa observada en aquellos grupos a los que sólo se ofreció condón masculino15.
Aceptación y uso
Se han hecho varios estudios sobre el uso del condón femenino en los países en desarrollo; muchos han contado con la participación de trabajadoras sexuales quienes, por lo general, aceptan el dispositivo más rápidamente que las demás mujeres16. La mayoría de los estudios, incluyendo los realizados en China17, Costa Rica18, Costa de Marfil19, Tailandia20 y Zimbabwe21, ha mostrado una aceptación alta o moderada entre las trabajadoras sexuales. Sin embargo, estos estudios también detectaron algunas barreras para el uso del condón femenino, incluyendo la desconfianza de los clientes ante métodos que no son conocidos, incomodidad, dificultades para insertarlo, molestias o dolores causados por el anillo interno, y prurito.
Aunque muchas de estas mujeres afirmaron que preferían el condón femenino y que se lo recomendarían a otras mujeres, preferían seguir utilizando el condón masculino para el trabajo sexual22. Esto sugiere que el condón femenino podría ser un método de respaldo útil para las trabajadoras sexuales, cuando los hombres rechazan el uso del condón masculino.
Estudios realizados entre mujeres y parejas heterosexuales en China23, Kenia24, Sudáfrica25 y Zambia26 también mostraron niveles relativamente altos de aceptabilidad. A menudo, las usuarias superaban los problemas iniciales después de utilizar varias veces el condón femenino. De hecho, mujeres en Kenia y tanto hombres como mujeres en China encontraron que el dispositivo permitía una relación sexual placentera. Sin embargo, también ha habido resistencia a su uso, especialmente en Sudáfrica27 por diferentes razones, incluidas su apariencia, dificultades relacionadas con su uso, renuencia de parte de los hombres, exceso de lubricación y suciedad, preocupación porque se trata de un dispositivo muy grande y disminución de la sensación.
Las mujeres que tienen experiencia con el condón masculino o que reciben una capacitación más intensiva en el uso del condón femenino, generalmente encuentran que este dispositivo es más fácil de usar. Investigaciones realizadas en Zambia mostraron que se podría reducir el sexo sin protección entre parejas con alto riesgo de infección por VIH agregando el condón femenino y una buena orientación al conjunto de métodos de barreras que se ofrecen28.
Estrategias de mercadeo
El mercadeo social se ha utilizado ampliamente para promover el uso del condón masculino en los países en desarrollo y esta misma estrategia se está aplicando ahora al condón femenino. Una campaña masiva de comercialización del condón femenino realizada en Lusaka, Zambia, ayudó a crear conciencia sobre este método, pero su uso es todavía mucho menor que el del condón masculino. Es probable que el condón femenino sea más importante para aquellas personas que no pueden o no quieren usar el condón masculino29.
El costo elevado conduce a la reutilización
Una de las principales barreras para masificar el uso del condón femenino es su costo. Producir un condón femenino cuesta 20 veces más que producir un condón masculino30. Sin embargo, el condón femenino se podría volver a utilizar, si después de cada uso se le limpia y lubrica correctamente. Hay evidencia de que las mujeres en Zimbabwe, especialmente las trabajadoras sexuales, hacen esto por razones económicas31. Parte de la investigación formal sobre este tema viene de Sudáfrica. Un estudio llevado a cabo en Johannesburgo con 150 mujeres mostró que un 83% estarían dispuestas a reutilizar el condón femenino. Ellas encontraron que los pasos a seguir para reutilizar el dispositivo eran sencillos y aceptables32. Datos obtenidos en los Estados Unidos sugieren que la integridad estructural del condón femenino se mantiene intacta después de haber sido usado una vez y luego lavado33. Tests de laboratorio, realizados en Sudáfrica, mostraron que, con algunos procedimientos de lavado, la integridad estructural del condón femenino se reducía después de lavarlo, secarlo y lubricarlo hasta 10 veces34; en cambio, otro estudio realizado en ese mismo país no detectó deterioro después de usarlo ocho veces, haciendo la evaluación según los estándares mínimos para los condones femeninos nuevos de la Oficina de Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos35.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha realizado dos reuniones de expertos sobre la reutilización de estos condones, en vista de que esta práctica ya es común entre las mujeres de los países en desarrollo36. Aunque continúa recomendando la utilización de un nuevo condón para cada relación sexual, la OMS publicó un borrador del protocolo que se debe seguir para manipular y preparar de una manera segura el dispositivo, en caso de que se quiera reutilizar, con el fin de reducir cualquier daño.
Problemas y perspectivas
En un estudio destinado a evaluar la relación costo-beneficio del condón femenino en la prevención de la transmisión del VIH y otras ITS en África subsahariana, los investigadores modelaron el impacto que tendría un programa de distribución de condones femeninos entre las trabajadoras sexuales en la provincia de Mpumulanga, en Sudáfrica. Los investigadores estimaron el número de casos de VIH, sífilis y gonorrea que el uso del condón femenino podría prevenir. El estudio, que también investigó los costos asociados y el uso de ambos tipos de condones, concluyó que un programa de condones femeninos bien diseñado, probablemente sería altamente costo-efectivo37. Otra investigación destacó la importancia de abordar el origen de la resistencia de los proveedores de servicios de salud reproductiva, y de mejorar su capacidad para enseñar a las mujeres estrategias de negociación y de uso del condón femenino38.
Sin embargo, existen problemas relacionados con el condón femenino. Una serie de estudios realizados en el sudoeste de Uganda encontró que, aunque los productos vaginales les gustan a las mujeres porque sienten que tienen un mayor control sobre su salud sexual y reproductiva, su uso a menudo involucra cierto grado de negociación con sus parejas masculinas39. Los hombres también pueden mostrarse ambivalentes con respecto al control femenino de estos productos40. Aun cuando el condón femenino sea visto como un avance sobre el condón masculino, tiene un valor limitado debido a la necesidad de llegar a un acuerdo sobre su uso antes de tener una relación sexual. Existe, por lo tanto, una clara demanda de un producto vaginal que proteja a las mujeres del VIH y de otras ITS y que pueda ser utilizado sin el conocimiento del compañero sexual. Dado que funcionan también como anticonceptivos, los condones femeninos y masculinos representan un problema para las parejas que desean tener hijos41.
Estas razones impulsan el esfuerzo de producir microbicidas vaginales –incluyendo los que no tengan efecto anticonceptivo– para reducir el riesgo de contraer el VIH y otras ITS. Por ser el primer producto para mujeres que protege contra ITS, el condón femenino es un componente importante de cualquier conjunto de intervenciones para la prevención integral contra el VIH. Sin embargo, sus limitaciones destacan la necesidad de encontrar un método que las mujeres puedan utilizar sin el conocimiento o el consentimiento de los hombres. No cabe duda de que el descubrimiento de un microbicida vaginal barato, seguro y eficaz tendría un gran impacto en la vida de las mujeres, considerando que 1.2 millones de ellas murió por SIDA durante el año pasado42.
Heidi Brown es especialista en comunicaciones sobre salud y escritora independiente sobre salud internacional.
Referencias
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