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La urbanizaci�n: una fuerza ambiental considerable

por Barbara Boyle Torrey

(Abril 2004) Los seres humanos se han convertido en una fuerza ambiental considerable en los �ltimos 10.000 a�os. Con la llegada de la agricultura hace 8.000 a�os, comenzamos a cambiar la faz de la tierra1, y con la revoluci�n industrial comenzamos a afectar la atm�sfera. Asimismo, el reciente incremento en la poblaci�n mundial ha ampliado los efectos de nuestras actividades agr�colas y econ�micas, pero el crecimiento demogr�fico oculta lo que puede ser una interacci�n todav�a m�s importante entre los seres humanos y el medio ambiente. Si bien la poblaci�n mundial se est� duplicando, la poblaci�n urbana se est� triplicando en todo el mundo. En los pr�ximos a�os m�s de la mitad de la poblaci�n del planeta vivir� en �reas urbanas (ver el Gr�fico 1)2.

Gr�fico 1
Poblaci�n urbana y rural, 1950-2030

Fuente: Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: The 2003 Revision (2004).

El nivel y crecimiento de la urbanizaci�n difiere considerablemente seg�n la regi�n (ver el Gr�fico 2). Los pa�ses latinoamericanos tienen la mayor proporci�n de su poblaci�n en �reas urbanas, pero Asia Meridional y Oriental probablemente registrar�n el m�s r�pido crecimiento urbano en los pr�ximos 30 a�os. Casi todo el crecimiento demogr�fico futuro tendr� lugar en las ciudades y las capitales, y es de esperar que tanto el incremento de la poblaci�n mundial como su redistribuci�n afecten los sistemas naturales terrestres y la interacci�n entre la poblaci�n y el medio ambiente urbano.

Gr�fico 2
Poblaci�n que vive en zonas urbanas

Fuente: Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: The 2003 Revision (2004).

Las mejores cifras sobre las tendencias de urbanizaci�n mundial tienden a proceder de la Divisi�n de Poblaci�n de las Naciones Unidas y del Banco Mundial3, pero las Naciones Unidas advierte a los usuarios que los datos son generalmente inexactos debido a que la definici�n de "urbano" var�a de un pa�s a otro. Asimismo, en el pasado, las proyecciones de urbanizaci�n con frecuencia sobreestimaron los �ndices futuros de crecimiento, por lo que es importante manejar los datos con cuidado al derivar conclusiones definitivas.

La din�mica de la urbanizaci�n

En 1800 s�lo alrededor del 2% de la poblaci�n mundial viv�a en �reas urbanas y eso en s� era algo sorprendente. Hasta hace un siglo las �reas urbanas se encontraban entre los lugares m�s insalubres para vivir. El incremento en la densidad de la poblaci�n en �reas urbanas dio lugar a la r�pida propagaci�n de enfermedades infecciosas, por lo que los �ndices de mortalidad han sido hist�ricamente m�s altos en las ciudades que en zonas rurales. La �nica forma en que las �reas urbanas continuaban en existencia hasta hace poco era por la continua inmigraci�n de poblaci�n rural hacia las mismas4.

En tan s�lo 200 a�os, la poblaci�n urbana mundial ha pasado del 2% a casi el 50% de la poblaci�n mundial. Los ejemplos m�s sorprendentes de urbanizaci�n en el mundo los constituyen las superciudades de 10 o m�s millones de personas. En 1975 s�lo hab�a cuatro, pero hoy en el 2000 hab�a 18 y, para el a�o 2015, las Naciones Unidas estiman que habr�n 225, si bien mucho del crecimiento futuro no tendr� lugar en estas inmensas aglomeraciones de poblaci�n, sino en las ciudades de peque�o y mediano tama�o en todo el mundo6.

El crecimiento en las �reas urbanas se debe tanto al incremento en la inmigraci�n a las ciudades como a la fecundidad de la poblaci�n urbana. Mucho del desplazamiento a las ciudades tiene lugar por el deseo de las poblaciones rurales de aprovechar las ventajas que las zonas urbanas ofrecen, como mayores oportunidades de educaci�n, atenci�n a la salud y servicios como los recreativos. Los pobres en zonas urbanas tienen menos oportunidades de educaci�n que quienes no son pobres, pero a�n as� tienen m�s oportunidades que la poblaci�n rural7.

Las tasas de fecundidad urbanas, si bien son inferiores a las del contexto rural en todas las regiones del mundo, tambi�n contribuyen al crecimiento de la poblaci�n urbana. En �reas urbanas las mujeres emigrantes de zonas rurales tienen m�s hijos que las nacidas en la ciudad8. Por supuesto que la inmigraci�n rural a las zonas urbanas no est� formada por un conjunto aleatorio de poblaci�n rural, sino por personas que probablemente hubieran deseado menos hijos, incluso si se hubieran quedado en el campo, por lo que probablemente se exagera el efecto de la migraci�n en la fecundidad al observar la diferencia en la fecundidad de las mujeres rurales y las que emigran a zonas urbanas.

En el �frica subsahariana las tasas de fecundidad urbana son de alrededor de 1,5 ni�os menos que en las zonas rurales, y en Am�rica latina la diferencia es de casi 2 ni�os9. Es decir, que la urbanizaci�n mundial probablemente reduce el crecimiento de la poblaci�n, al mismo tiempo que concentra algunos de sus efectos ambientales en ciertas �reas geogr�ficas.

Efectos ambientales de la urbanizaci�n

Existe una interacci�n entre las poblaciones urbanas y su medio ambiente. La gente cambia el medio ambiente a trav�s del consumo de alimentos, energ�a, agua y el uso de la tierra, y a su vez la contaminaci�n ecol�gica urbana afecta la salud y la calidad de vida de las poblaciones en las ciudades.

Las personas que viven en zonas urbanas tienen un perfil de consumo muy diferente al de los residentes de �reas rurales10. Por ejemplo, las poblaciones urbanas consumen mucha m�s comida, energ�a y bienes duraderos que las poblaciones rurales. En la China, durante la d�cada de 1970, las poblaciones urbanas consumieron m�s del doble de carne de cerdo que las poblaciones rurales que criaban los puercos11. A medida que progres� el desarrollo econ�mico, la diferencia en el consumo se redujo al mejorar la dieta rural, pero incluso as� una d�cada m�s tarde las poblaciones urbanas com�an un 60% m�s de cerdo que las rurales. El crecimiento en el consumo de carne es se�al de mayor afluencia en Pek�n. En la India, donde muchos de los residentes urbanos son vegetarianos, el aumento en el consumo de leche es un s�mbolo de mayor prosperidad.

Las poblaciones urbanas no s�lo consumen m�s alimentos sino tambi�n m�s bienes duraderos. A principios de la d�cada de 1990, los hogares chinos en �reas urbanas ten�an m�s del doble de probabilidades de tener una televisi�n, ocho veces m�s de tener una lavadora y 25 veces m�s de tener un refrigerador que los hogares rurales12. Este incremento en el consumo es el resultado del mercado laboral, los salarios y la estructura de los hogares urbanos.

Los bienes duraderos generalmente los utiliza la totalidad del hogar, en vez de una sola persona, y los hogares urbanos son m�s peque�os que los rurales, en parte porque las tasas de fecundidad urbanas son menores, y con el tiempo contin�an reduci�ndose en tama�o a medida que se eleva su ingreso y educaci�n. Ello sugiere que el �ndice de consumo de bienes duraderos en �reas urbanas probablemente se eleve por encima del �ndice del incremento de la poblaci�n, y la mayor parte de los bienes duraderos requieren energ�a el�ctrica para funcionar.

El consumo de energ�a para proporcionar electricidad, transporte, la capacidad de cocinar y calefacci�n es mucho m�s alto en �reas urbanas que en las aldeas rurales. Por ejemplo, las poblaciones urbanas tienen muchos m�s autom�viles por habitante que las rurales. Casi todos los autom�viles en el mundo entero en la d�cada de 1930 estaban en los Estados Unidos. Hoy en d�a existe un autom�vil por cada dos personas en los Estados Unidos. Si fuera as� en otros lugares, para 2050 tendr�amos 5.300 millones de autom�viles en todo el mundo consumiendo energ�a13.

En China el consumo de carb�n por habitante en las ciudades y pueblos es m�s de tres veces el que existe en �reas rurales14. Las comparaciones entre el producto nacional bruto (PNB) y del cambio en el consumo de energ�a mundial por habitante muestran que existe una relaci�n directa entre ambos, pero no necesariamente aumentan al mismo ritmo15. A medida que los pa�ses pasan de usar modalidades no comerciales de energ�a a modalidades comerciales, el precio relativo de los productos energ�ticos aumenta. Las econom�as por tanto, se vuelven m�s eficientes a medida que se desarrollan debido a adelantos en la tecnolog�a y cambios en el consumo. Sin embargo y a pesar de dicha eficacia y nuevas tecnolog�as, la urbanizaci�n de la poblaci�n mundial elevar� el consumo agregado de energ�a. Y probablemente el aumento en el consumo de energ�a tendr� efectos ambientales negativos.

El consumo urbano de energ�a contribuye a crear n�cleos de calor que pueden cambiar el perfil meteorol�gico local en las zonas hacia donde sopla el viento despu�s de pasar por las ciudades. Este fen�meno se crea porque las ciudades irradian calor a la atm�sfera a raz�n del 15% al 30% menos que las �reas rurales. La combinaci�n del incremento del consumo de energ�a y la diferencia de radiaci�n significa que las ciudades son m�s calientes que las �reas rurales (entre 0,6�C y 1,3�C)16 y estos n�cleos de calor atrapan los contaminantes atmosf�ricos. La neblina y niebla son m�s frecuentes. La precipitaci�n es entre el 5% y el 10% mayor en las ciudades, las tormentas de agua y granizo mucho m�s frecuentes, y las nevadas menos comunes.

La urbanizaci�n tambi�n afecta la ecolog�a regional en mayor extensi�n. Las regiones que reciben el viento despu�s de pasar por grandes complejos industriales tambi�n registran mayor precipitaci�n, contaminaci�n atmosf�rica y n�mero de d�as con tormentas17. Las �reas urbanas no s�lo afectan el perfil meteorol�gico sino tambi�n la escorrent�a superficial de agua. Las �reas urbanas generalmente generan m�s lluvia, pero reducen la filtraci�n de agua y el nivel de la capa fre�tica, lo que significa que la escorrent�a ocurre m�s r�pidamente y hay mayores inundaciones. El volumen de inundaci�n se eleva, al igual que el n�mero de inundaciones y la contaminaci�n del agua que corre r�o abajo.

Muchos de los efectos de las �reas urbanas sobre el medio ambiente no son necesariamente lineales. Las �reas urbanas de mayor extensi�n no siempre crean m�s problemas ambientales; a veces son las �reas urbanas peque�as las que pueden causar mayores problemas. Mucho de lo que determina la magnitud del impacto ambiental es la conducta de la poblaci�n urbana, su perfil de consumo y forma de vida, y no tan s�lo su tama�o.

Efectos de la degradaci�n ambiental en la salud

El medio ambiente urbano es un factor importante para determinar la calidad de vida en zonas urbanas y el impacto ecol�gico de dichas zonas. Entre los problemas ambientales urbanos se encuentran la insuficiencia de agua y saneamiento, la acumulaci�n de basura y la contaminaci�n industrial18. Desafortunadamente, es caro reducir dichos problemas y aliviar sus efectos sobre la poblaci�n urbana.

Entre las implicaciones de salud de estos problemas ambientales se encuentran las infecciones respiratorias, y otras infecciones y enfermedades parasitarias. Los costos de capital para construir una infraestructura ecol�gicamente m�s sana (por ejemplo, la inversi�n en el transporte menos contaminante, como un metro) y para construir m�s cl�nicas y hospitales son superiores en las ciudades, donde se pagan jornales m�s altos que en las �reas rurales, y el terreno es mucho m�s caro en las ciudades por la competici�n por el espacio. Pero no todas las �reas urbanas tienen el mismo tipo de problemas de salud o situaci�n ecol�gica; algunos investigadores sugieren que los indicadores de problemas de salud, como los �ndices de mortalidad infantil son m�s altos en las ciudades que est�n en r�pido crecimiento que en otras donde en crecimiento es m�s lento19.

Problemas en la pol�tica ambiental urbana

Comenzando con la d�cada de 1950, muchas ciudades en los pa�ses desarrollados han hecho frente a sus dificultades ambientales. Los �ngeles ha reducido dr�sticamente su poluci�n atmosf�rica. Muchas ciudades que se expandieron cerca de r�os han logrado limpiar las aguas de los mismos que se contaminaron con el desarrollo industrial. Pero al comienzo de su desarrollo, las ciudades generalmente no tienen tanta riqueza para asignarla a mitigar el impacto urbano sobre el medio ambiente, y si la falta de recursos va acompa�ada de gobiernos ineficaces, puede que la ciudad en desarrollo tarde muchos a�os en reducir ese da�o. Es esencial tener un gobierno urbano fuerte para avanzar en este aspecto, y con frecuencia eso es lo que menos hay20. El solapamiento de jurisdicciones respecto al agua, el aire, las carreteras, las viviendas y el desarrollo industrial es una frustraci�n para el manejo eficaz de los recursos ambientales vitales. La falta de buenos sistemas de informaci�n geogr�fica significa que muchos funcionarios p�blicos funcionan a ciegas. La falta de buenas estad�sticas significa que muchos indicadores urbanos que servir�an para tomar decisiones ecol�gicas con conocimiento no existen21.

Cuando no existe un gobierno urbano fuerte, las asociaciones p�blico-privadas se vuelven m�s importantes22 y pueden servir para establecer prioridades que son ampliamente compartidas y por lo tanto llegan a implementarse. Algunas de dichas asociaciones p�blico-privadas han propugnado hacer frente primero a los peligros ambientales que amenazan la salud humana. Los asistentes a una conferencia del Banco Mundial sobre el desarrollo ecol�gicamente sostenible en 1994 concluyeron que "La reducci�n del holl�n, el polvo, el plomo, las enfermedades microbianas ofrece oportunidades de lograr un progreso tangible a un costo relativamente bajo en relativamente cortos per�odos de tiempo"23. Pero en �ltimo t�rmino existen muchas otras prioridades ambientales urbanas que producen problemas cr�nicos para las personas y el ambiente a largo plazo, y que tambi�n tienen que abordarse.

Mucha de la investigaci�n que hay que hacer sobre el impacto ambiental de las �reas urbanas todav�a no se ha realizado por falta de datos y financiamiento. La mayor parte de la informaci�n que existe es a nivel nacional, pero la investigaci�n nacional es demasiado poco detallada para mejorar las condiciones ambientales de las �reas urbanas, por lo que hay que hacer investigaci�n y obtener datos a nivel local que proporcionen a los gobiernos locales la informaci�n que necesitan para tomar decisiones. Ciertamente los miembros de la pr�xima generaci�n, que en su mayor�a vivir�n en �reas urbanas, nos juzgar�n bas�ndose en si estamos haciendo las preguntas acertadas para proteger su ecolog�a urbana. Tambi�n van a querer saber si financiamos la investigaci�n apropiada para abordar esas cuestiones, y si utilizamos los resultados de la investigaci�n de manera sabia.

Barbara Boyle Torrey es una escritora y consultora que forma parte del Consejo de Administraci�n del PRB.

Bibliograf�a

  1. M. Gordon Wolman, "Population, Land Use, and Environment: A Long History" en Population and Land Use in Developing Countries, ed. Carole L. Jolly y Barbara Boyle Torrey, Committee on Population, Commission on Behavioral and Social Sciences and Education, National Research Council (Washington, DC: National Academy Press, 1993).
  2. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: The 2001 Revision (Nueva York: ONU 2002).
  3. Banco Mundial (2002). World Development Report 2002: Building Institutions for Markets (Nueva York: Oxford University Press para el Banco Mundial).
  4. Nathan Keyfitz, "Impact of Trends in Resources, Environment and Development on Demographic Prospects" en Population and Resources in a Changing World, ed. Kingsley Davis (Stanford, California: Morrison Institute for Population and Resource Studies, 1989).
  5. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects.
  6. National Research Council, Cities Transformed: Demographic Change and Its Implications in the Developing World, ed. Mark R. Montgomery et al., Panel on Urban Population Dynamics, Committee on Population, Commission on Behavioral and Social Sciences and Education, National Research Council (Washington, DC: National Academies Press, 2003).
  7. Naciones Unidas, World Urbanization Prospects: 193.
  8. Martin Brockerhoff, "Fertility and Family Planning in African Cities: The Impact of Female Migration " en Journal of Biosocial Science 27, no. 3 (1995): 347-58; y Robert Gardner y Richard Blackburn, "People Who Move: New Reproductive Health Focus " en Population Reports , Serie J, no. 45 (Baltimore, MD: Johns Hopkins School of Public Health, Population Information Program, noviembre 1996).
  9. Cifras estimadas calculadas de 90 Encuestas demogr�ficas y de salud, seg�n se indica en National Research Council, Cities Transformed: Demographic Change and Its Implications in the Developing World.
  10. Jyoti K. Parikh et al., Instituto Indira Gandhi de Investigaci�n sobre el Desarrollo, "Consumption Patterns: The Driving Force of Environmental Stress", presentado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, agosto 1991.
  11. Jeffrey R. Taylor y Karen A. Hardee, Consumer Demand in China: A Statistical Factbook (Boulder, CO: Westview Press, 1986): 112.
  12. Taylor and Hardee, Consumer Demand in China: 148.
  13. U.S. Census Bureau, 2001 Statistical Abstract.
  14. Taylor y Hardee, Consumer Demand in China: 125.
  15. Gretchen Kolsrud y Barbara Boyle Torrey, "The Importance of Population Growth in Future Commercial Energy Consumption" en Global Climate Change: Linking Energy, Environment, Economy and Equity, ed. James C. White (Nueva York: Plenum Press, 1992): 127-42.
  16. Andrew S. Goudie, The Human Impact on the Natural Environment, 2d ed. (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1987): 263.
  17. Goudie, The Human Impact on the Natural Environment: 265.
  18. Kolsrud and Torrey, "The Importance of Population Growth in Future Commercial Energy Consumption": 268.
  19. Martin Brockerhoff y Ellen Brennan Ellen, "The Poverty of Cities in Developing Regions" en Population and Development Review, 24, no. 1 (Marzo 1998): 75-114.
  20. Eugene Linden, "The Exploding Cities of the Developing World," Foreign Affairs 75, no. 1 (1996): 52-65.
  21. Organizaci�n para la Cooperaci�n y el Desarrollo Econ�micos, Better Understanding Our Cities, The Role of UrbanIndicators (Paris: OCDE, 1997).
  22. Ismail Serageldin, Richard Barrett, y Joan Martin-Brown, "The Business of Sustainable Cities" en Environmentally Sustainable Development Proceedings Series, no. 7 (Washington, DC: Banco Mundial, 1994).
  23. Serageldin, Barrett, y Martin-Brown, "The Business of Sustainable Cities": 33.
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